Como rastro de luz, imperceptible,
va mi sombra caminando el tiempo,
bebiendo en los recodos del camino
el añejo vino del olvido
buscando suturar mi pensamiento.
Como espuma de mar entre las piedras
lo anhelado cubre mi cabeza
y aunque quiera tomarlo, será en vano,
pasará suavemente entre mis manos
y se irá para dejarme la tristeza.
Cruel destino el hablar adolorido
y llorar junto a tumbas olvidadas,
solo quiero al final de esta comedia,
un puesto de bufón en la gran feria
y que alguien me sonría a la pasada.
